En Luis Donaldo Colosio y Francisco Villa, se forma un crucero que alberga cada vez más a limosneros e indigentes
Por Mauricio Lira Camacho
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Una señora de edad avanzada y un señor discapacitado, engrosaron las filas de limosneros bajo riesgo, en crucero del Libramiento.
Ahora son dos personas más que los fines de semana, se ubican en el crucero de la avenida Francisco Villa con el Libramiento carretero Luis Donaldo Colosio, para estirar la mano y obtener dinero.
No necesitan dar explicaciones a los automovilistas, ya que por su condición se nota gente necesitada.
Lo que llama la atención, es que por su difícil situación, deben torear literalmente los autos y camiones que pasan por la zona.
Esto siempre bajo el riesgo de que sean atropellados por algún conductor imprudente.
Desde semanas recientes, se ha observado en este crucero, a una señora ya mayor de edad, casi siempre tapada para sortear el frío de las mañanas, está cubierta con un rebozo, no emite palabras solamente estira la mano, pero por su condición en más de una ocasión ha estado a punto de ser atropellada.
Junto con ella aparece un joven de aproximadamente que tiene una discapacidad en una de sus manos, el si habla, pero siempre agradeciendo de ante mano la ayuda que le puedan dar.
Ambos aprovechan la luz roja del semáforo, para recorrer lo más que puedan los autos de quienes esperan sus conductores los apoyen con algunas monedas.
Al igual que en otros cruceros, brillan por su ausencia elementos de diversas corporaciones quienes deben estar realizando sus tareas.
Esto es, de la presencia de inspectores del área de Reglamentos, de la policía y del sistema para el desarrollo integral de la familia, DIF.
Es importante destacar que la indigencia o exclusión social es un problema inherente a las grandes urbes.
Ninguna ciudad en el grado del tercer mundo está exenta de esta situación y cuenta con un número aproximado de indigentes dentro del núcleo poblacional.
Actualmente los datos en América latina son graves de las personas que viven en extrema pobreza y deben acudir a las ciudades, grandes urbes, para tratar de subsistir.
Así mismo, las cifras aumentan considerablemente por las consecuencias del desplazamiento ocasionado por la violencia que conlleva a que las poblaciones rurales se dirijan hacia las grandes urbes.
La población habitante de calle se multiplica, nacen generaciones con las mismas carencias de sus padres, sin una atención oportuna que les ofrezca otras opciones de vida.
Manejan el miedo o la solidaridad a su antojo, al igual que las normas y leyes. La intimidación es uno de sus argumentos, de Sus herramientas ya sea para lograr la solidaridad social o para infundir temor en la ciudadanía. Esta problemática incluye a la comunidad entera, la cual mantiene un concepto superficial e inhumano hacia el habitante de la calle desconociendo las causas reales que conllevan a estas personas a permanecer en esta situación y recaer en sus intentos fallidos de inclusión y reeducación social.
De tal manera que a partir del conocimiento de su cotidianidad, de su percepción del programa al que asisten permitió generar un proyecto que involucrara a la comunidad afectada por la problemática de habitabilidad en la calle en pro del beneficio y mejoramiento de la calidad de vida en el habitante de calle dentro de su propio contexto.