ROMA, 21 de marzo.– El papa Francisco hizo ayer un llamado a la unidad de la Iglesia durante un encuentro con representantes de otras comunidades eclesiales, subrayando la importancia de las discusiones del Concilio Vaticano II, el encuentro ecuménico celebrado hace ya poco más de 50 años, donde comenzó el diálogo con las diferentes religiones del mundo.
“Debemos proseguir el diálogo que ha traído muchos frutos con el hebraísmo, por ejemplo, sin descuidar lo que ha habido con las otras religiones, in primis con el Islam y con los musulmanes que adoran a un Dios único, vivo y misericordioso”, dijo el Pontífice en la audiencia donde recibió a los representantes de las iglesias y comunidades eclesiales que también estuvieron presentes en la misa del inicio de su pontificado.
El papa Francisco se encontró por separado con Bartolomeo I, patriarca ecuménico de Constantinopla y posteriormente con Hilarión, el patriarca de Moscú.
“Aprecio mucho su presencia, en ella veo un signo tangible de la voluntad de crecer en la estima recíproca y en la cooperación por el bien común de la humanidad”, dijo Bergoglio.
“La Iglesia católica es consciente de la importancia que tiene la promoción de la amistad y del respeto entre hombres y mujeres de diversas tradiciones religiosas.”
Citando el documento del Concilio Vaticano II Nostra Aetate, el Papa evocó con gran énfasis “el especialísimo vínculo espiritual” que une al pueblo cristiano con el hebraísmo.
Al final del encuentro, entre el papa Francisco y el rabino jefe de Roma Riccardo Di Segnise se tomaron durante mucho tiempo las manos y juntos renovaron la promesa de unión.
Al subrayar que el diálogo es una noblísima causa, el papa Francisco dijo que la Iglesia católica y las otras, pueden hacer mucho por el bien de quien es más pobre, de quien es más débil y de quien sufre para favorecer la justicia, para promover la reconciliación, y para construir la paz.
Sin embargo, dijo que “debemos tener viva en el mundo la sed de lo absoluto, no permitiendo que prevalezca una visión de la persona humana y una sola dimensión, donde el hombre se reduce a aquello que produce y a aquello que consume, es esto una de las insidias más peligrosas de nuestro tiempo”.
En la Sala Clementina, el papa Francisco fue recibido con un gran aplauso por parte de los jerarcas de las otras religiones.
Ahí, escuchó las palabras de Bartolomeo I, quien le habló de la gran misión que tiene el nuevo Pontífice.
Bartolomeo I recordó la grave crisis que afecta a Europa, así como la amargura y sufrimiento que ésta está causando a los diferentes pueblos, por lo que pidió a quienes tienen más hagan algo por los que tienen menos para asegurar la paz y la justicia entre los pueblos.
El Papa respondió que unidos harían su mejor servicio a la causa de la unidad entre cristianos, “un servicio de esperanza por un mundo marcado de divisiones, de contrastes y de rivalidad”.
“En esto nos sentimos cercanos también a todos los hombres y mujeres que, sin reconocerse como parte de alguna tradición religiosa, se descubren sin embargo en búsqueda de la verdad, de la bondad y la belleza; esta verdad, bondad y belleza de Dios que son nuestros preciosos aleados en el esfuerzo y la defensa de la dignidad del hombre, en la construcción de una convivencia pacífica entre los pueblos y en custodiar la creación”, concluyó.
Mientras estuvo Ratzinger a la guía de la Santa Sede, la relación con otras religiones no siempre fueron buenas, pues Benedicto XVI hizo en varias ocasiones discursos que no gustaron a las diferentes comunidades, como la hebraica y la musulmana.