*El testimonio de Floribeth Mora ante El Vaticano sobre su sanación de un aneurisma cerebral sirvió para declararlo santo.
El teléfono suena y el silencio se rompe; Floribeth Mora y su esposo Edwin Arce despiertan asustados. Son las cuatro y media de la madrugada en Cartago, Costa Rica del 30 de septiembre.
Floribeth atiende, y al otro lado de la línea escucha la voz de una mujer con acento colombiano; es una periodista que llama desde Bogotá, y, al tiempo que le solicita una entrevista, le da la noticia: el Vaticano fijó fecha para canonizar a Juan Pablo II.
Los Arce Mora no caben; era la noticia que esperaban escuchar desde diciembre de 2011, cuando los médicos le confirmaron a Floribeth que el aneurisma cerebral que padecía simplemente desapareció, motivo por el que ella escribió y compartió su testimonio con la Santa Sede:
“Un domingo de misericordia me encomendé a Juan Pablo II, y así fue como sané”.
Era el milagro que el proceso de canonización de Juan Pablo II necesitaba para que El Vaticano declarara santo al Papa polaco.
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Ya pasaron seis años de la muerte de Karol Wojtyla. Es domingo primero de mayo de 2011 y la Plaza de San Pedro en Roma, está llena.
La entrada principal de la Santa Sede está cubierta con una cortina roja; al pie hay un estrado techado que protege la silla papal, y arriba, en un balcón cuelga una fotografía gigante con la imagen Juan Pablo II.
En el papamóvil Joseph Ratzinger se abre paso entre la multitud, llega, toma asiento y dirige un mensaje:
“Con nuestra autoridad apostólica, concedemos que el venerable siervo de Dios, Juan Pablo II, de ahora en adelante sea llamado beato”.
La multitud ovaciona y de inmediato la noticia sale de Roma a cada rincón del mundo. Llega a Cartago, Costa Rica, en donde Floribeth Mora de 47 años se resiste a creer que tiene las horas contadas porque los médicos le diagnosticaron aneurisma cerebral.
La noticia le inyecta esperanza. Se sienta a orar y pide misericordia. No sabe qué su vida está por cambiar, que en los siguientes meses sanará y que mas tardé, narrará una y otra vez en su testimonio, que una mañana después del domingo de misericordia escuchó una voz que decía: “levántate, no tengas miedo”.
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De vuelta al 30 de septiembre de 2013. Desde que entró la primera llamada en la madrugada, el teléfono de los Arce Mora no para de sonar.
Edwin y Floribeth no se dan abasto. La prensa local e internacional quiere su testimonio, pero ese no es el único asunto a atender. También comienzan las gestiones para viajar a Roma el 27 de abril del próximo año para estar presentes cuando el Papa Francisco declare Santo a Juan Pablo II.
“Vamos a ir mi esposo y yo, pero también queremos que vayan nuestros dos hijos, ya nada más estamos viendo lo del hospedaje. Tenemos contacto por correo electrónico con la Congregación de las Causas de los Santos”, platica Floribeth desde Costa Rica en entrevista telefónica con MILENIO.
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El caso de sanación de Floribeth, es considerado por la Iglesia Católica como el segundo milagro en el que intercedió Juan Pablo II; el primero fue el caso de la religiosa francesa Marie Simon-Pierre, quien se curó de Parkinson en 2005.
Floribeth recuerda el 2011, cuando el diagnóstico y las implicaciones médicas cayeron como bomba sobre ella y su familia.
“Yo ya estaba bastante afectada por la crisis del aneurisma, fue algo bastante fuerte y no lo podía creer, pero ya tenía perdida de movimiento en todo el lado izquierdo”, platica.
“Era como una sentencia de muerte y la única posibilidad era un cirugía, muy, muy riesgosa y solo se podía hacer en México o en Cuba porque los médicos de aquí no podían, y como quiera el riesgo era mucho”, comenta.
Floribeth recuerda que otra agravante para la cirugía era que no podían costearla. Pero aquél domingo de misericordia las cosas cambiaron.
“Fue un domingo de misericordia, que yo pedí misericordia y me dieron misericordia, que yo pedí, le pedí a Juan Pablo ‘haz la obra en mi’. Ese día yo oraba”, narra.
La mejoría no fue inmediata. En las siguientes semanas Floribeth recobró movimiento y poco a poco se sentía mejor. Antes de que concluyera el 2011, se sometió a una última arteriografía, que reveló que ya no había daños.
Floribeth estaba curada. “Fue un milagro, que Dios se fijara aquí, aquí en este lugar tan chiquito, que tomara en cuenta a alguien de éste país, de un país tan pequeño”.
“Fue cuando tomé la decisión de escribir al Vaticano mi testimonio, de compartirlo, y así comenzó todo”.
La familia Arce Mora que los siguientes días transcurrirán con oraciones y rosarios, en especial dedicados a Juan Pablo II, de quien Floribeth expresa que siempre ha seguido.
“Yo tenía 20 años en el 83, y ya desde entonces lo seguía. Él irradiaba algo diferente y yo crecí con esa admiración, para mi él fue Santo desde que estaba vivo”, comparte.
Respecto a los grupos que se oponen a la canonización de Juan Pablo, Floribeth se muestra tranquila.
“No comparto esas ideas, no sé cuál es el sentimiento que los lleva a eso, pero cada quien sabe, yo no los juzgo”.
Se escucha emocionada frente a las preguntas relacionadas con el viaje en abril del otro año. Aún falta tiempo, pero Floribeth ya alista su itinerario y su maleta.
Planea empacar una imagen de la Virgen de los Ángeles, Patrona de Costa Rica, y una bandera de su país. Ansia ver de frente y abrazar a la religiosa francesa Marie Simon-Pierre, y, lo más importante –comparte- extender una invitación al Papa Francisco I, para que visite Costa Rica.