El cambio de conducta en las personas es una idea central detrás de las campañas ambientalistas, en particular, la del cálculo de la huella ecológica personal. Éste se realiza mediante herramientas que indican al usuario la cantidad de superficie planetaria requerida para sostener su actual su estilo de vida. A mayor demanda de recursos, más grande se vuelve la superficie utilizada.
Mediante la visualización de la amplitud de la huella, se busca fomentar el cambio conjunto de las personas hacia estilos de vida más «amigables» con el ambiente, que aseguren el bienestar de futuras generaciones, es decir, que sean sustentables.
Pero, ¿qué tan útil ha sido el cálculo de la huella ecológica para lograr el cambio? Aún se desconoce su alcance y hay pocas estadísticas; son más las disertaciones al respecto.
A decir de Javier Urbina Soria, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) e investigador en temas de psicología ambiental, cuando en sus conferencias invita a algún asistente a calcular su huella ecológica, «así sea una audiencia de interesados ambientales, que se supone tienen prácticas de consumo racionales, siempre resulta que consumen más de lo que deberían para no acabarse los recursos del mundo», expresó.
«Esto obedece a que las fórmulas y los cuestionarios de las huellas están hechos considerando no sólo lo que la persona dice que hace, sino también el modo de vida el promedio de vida su país, es decir, hay un puntaje obligado; simplemente por vivir en cierto lugar, ya tienes tantos puntos más o menos, según sea el caso», explicó.
Más allá del método
El método de cálculo de la huella ecológica es motivo de fuertes críticas, pero el debate es más amplio pues, como apunta el artículo Online calculators of ecological footprint: do they promote or dissuade sustainable behaviour?, de Jennifer Franz y Elissaios Papyrakis, publicado en la revista Sustainable Development, «las calculadoras en línea de la huella ecológica tienen la excepcional y difícil tarea de servir tanto como una herramienta que informa al individuo de su contribución al daño ambiental, como para promover constructivamente alternativas a los estilos de vida actuales y a los patrones de consumo».
En palabras de Urbina Soria: «Para que una persona realmente modifique sus comportamientos hacia el medio ambiente, se requiere mucho más que saber; la información es necesaria, pero no es suficiente».
De acuerdo con el investigador y profesor de la UNAM, otros científicos han analizado el problema desde años atrás, como Paul C. Stern, presidente del Instituto de Investigación Social y Ambiental (SERI) en Estados Unidos, quien identificó cinco características de orden psicológico que influyen en nuestra relación con el fenómeno del cambio climático, y que afectan a prácticamente todas las actitudes que la gente mantiene con su entorno natural.
Los elementos son los siguientes: la baja visibilidad del problema ambiental (pues se encuentra fuera del alcance de la percepción humana); la extrema dilación en mostrar la relación causa-efecto (es decir, nuestras acciones no producen consecuencias inmediatas perceptibles); la psicofísica de los eventos de baja probabilidad (se suele subestimar la frecuencia relativa de los eventos ‘raros’); la distancia social entre los actores y las víctimas del problema ambiental; y el bajo índice subjetivo de costo/efectividad de la conducta protectora del ambiente (esto es, hay poca percepción de los efectos positivos por el cambio de la conducta).
«Lo que nosotros decimos desde la psicología es que para poder entender todos estos fenómenos (como el cambio climático), hay que incluir a las ciencias del comportamiento, la psicología entre ellas, en el análisis general de los fenómenos; no es un asunto que vayan a resolver solamente las ciencias duras», afirmó Urbina Soria.
Algunas recomendaciones
Los autores del estudio del Sustainable Development sugieren que las calculadoras en línea de la huella ecológica deben incorporar más información localizada detallada del usuario, integrar un análisis dinámico de las variables clave, ilustrar claramente la relación entre la acción individual y los impactos ambientales conjuntos, describir a detalle la construcción metodológica y revisarla cuando haya información nueva disponible.
Por su parte, Urbina Soria recomendó incluir un análisis psicométrico, como hacen otro tipo de aproximaciones que ubican a las personas en relación a su entorno: si éstas se inclinan a pensar en los humanos como parte del sistema planetario, o si se visualizan como dueños del planeta. Asimismo, consideró importante tener programas de seguimiento a largo plazo para verificar si la gente modificó su comportamiento, «no si modificó lo que dice; esto es importante, pero no necesariamente es evidencia de un cambio de conducta».
Javier Urbina concluyó que la contribución de la huella ecológica como instrumento de conciencia ambiental no es nula: «Podrá haber gente a la que la huella ecológica no le genere el menor impacto, pero puede haber otros a los que sí; el efecto puede ser tan diverso como seres humanos existimos».