CIUDAD DE MÉXICO, 10 de mayo.- Las mujeres citadinas del siglo XXI son empresarias, emprendedoras, profesionistas, directivas, amas de casa y, por encima de todo, madres de familia.
La variedad de roles que las grandes ciudades han impuesto las ha obligado a transformar el papel tradicional que les impuso la sociedad y adoptar responsabilidades nuevas y demandantes.
Katia Villafuerte, directora de la licenciatura de sicología organizacional del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, campus Ciudad de México, explicó que esta gama de roles sociales ha impactado negativamente en el desarrollo personal y profesional de muchas mujeres.
Aseguró que la exigencia de ser una mujer exitosa en el ámbito laboral y familiar las ha orillado en ocasiones a una dinámica de estrés que las afecta en su desempeño integral.
“Esto que hacia el exterior es estigmatizado, criticado o alabado es lo que se aprende y se vive. Entonces si no se cumple con ese estándar social externo, tú eres la que se siente mal, la que se estresa y la que se deprime porque estás tratando de cumplir con expectativas”, dijo la especialista.
Agregó que desde la década de 1960 se hizo más patente la transformación del rol de la mujer, mismo que actualmente aglomera varios papeles sociales; algo que no ha ocurrido con los varones.
“Lo que sí se ve es que el rol de la mujer se ha modificado, el del varón no tanto y entonces ahora existe este síndrome de querer hacerlo y tenerlo todo, que internamente causa estrés, depresión y tiene consecuencias en el estado anímico de las mujeres”, señaló Villafuerte.
La especialista explicó que este fenómeno, que se ha reforzado a partir de la mayor incursión de la mujer en ámbitos profesionales, ha motivado que en ocasiones se cuestione la multiplicidad de los roles asumidos.
“Un poco la postura de la sociedad patriarcal es decir: ‘tú mujer quisiste ser muy buena ejecutiva, trabajar y estudiar, entre otras cosas’. Entonces es como que sí dan oportunidad, pero al mismo tiempo se tiene que seguir haciendo muy bien el rol de la mamá tradicional”, indicó Villafuerte.
La docente explicó que la obligación de cumplir con esa diversidad hace muy difícil que cualquier ser humano sea capaz de cumplir al cien por ciento con todos, lo que motiva inestabilidad.
“Parece que tienes que hacerlo bien en todos lados. Tienes que ser delgada, buena ejecutiva, ganar dinero, vestirte bien; pero también tienes que ser sexy, tener un hombre a tu lado que se quiera casar contigo.
“Y si no se consigue todo eso, entonces eres mal vista y si estás tratando de conseguirlo, al conciliar una cosa con otra, entonces pareces una loca porque quieres todo al mismo tiempo”, concluyó Villafuerte.
La ayuda, necesaria
La mayor integración de los varones en el rol familiar es necesaria para que las mujeres desarrollen en plenitud la diversidad de identidades que asumen, consideró Katia Villafuerte, especialista en sicología organizacional del Tecnológico de Monterrey.
“El varón debe comenzar a adoptar comportamientos que estaban encasillados para la mujer, como lavar la ropa, que vayan al súper, que recojan a los niños de la escuela y que no sean tareas cuasi exclusivas de las mujeres”, dijo la especialista.
Además, agregó que aunque este cambio ha sido paulatino y no con la celeridad necesaria, algunos hombres que ya lo hacen intentan ocultarlo ante la percepción social debido a que aún llega a ser mal visto.